Diversidad Cultural

No trates a los demás como te gustaría que te traten a ti

La premisa de “trata a tu prójimo como te gustaría que te traten a ti” es casi una regla para varias culturas en el mundo, incluyendo la nuestra. Cuando nos encontramos frente a un extraño, nuestras buenas intenciones y sentido común nos lleva a pensar que esa persona quiere lo mismo que nosotros, que desea ser tratada como nos gustaría a nosotros, es decir que somos muy parecidas. Este es un excelente punto de partida en algunas situaciones, pero cuando nos encontramos con personas de culturas diferentes cabe preguntarnos si esto es realmente así: ¿Esa persona espera ser saludada como estamos acostumbrados en mi cultura a hacerlo? ¿En esa cultura valoran lo mismo que en la mía? ¿Esa persona espera ser tratada como a mi me gusta que se comporten conmigo?

Milton Bennett reflexiona al respecto diciendo que esta regla de oro es un modelo en tantas culturas porque cuando una persona no está segura de cómo comportarse con otra, simplemente imagina cómo le gustaría ser tratado y actúa en consecuencia. Sin embargo, ésta perspectiva puede tener algunas consecuencias negativas ya que niega la diferencia, lo que se pone en evidencia cuando tratamos con personas culturalmente diferentes. El sistema de valores y de conductas en cada cultura varía notablemente, lo que se manifiesta desde conductas como el saludo hasta concepciones complejas como el rol del hombre y de la mujer en la sociedad. Sobre este punto, el autor recomienda utilizar la empatía, término muy difundido que vale la pena poner en práctica. Se trata de realmente ubicarse en los zapatos ajenos y “ponerse en el lugar del otro”. Esto nos lleva a una premisa aún superadora a la regla de oro, y es la regla de platino en Comunicación Intercultural: trata a los otros como ellos desean ser tratados. No es simple, pero se proponen algunos pasos para ejercitarse:

  1. Asumir la diferencia: partiendo desde este punto, será más sencillo poder imaginar otros sentimientos y puntos de vista.
  2. Conocerse a uno mismo: conocer la propia identidad cultural será primordial para no confundirse cuando se actúe de forma empática con otras culturas.
  3. Correrse de la propia identidad cultural: si hacemos esto momentáneamente será mucho más sencillo captar las diferencias culturales de nuestro entorno o interlocutores.
  4. Dejarse capturar por la experiencia cultural del otro: éste es un paso difícil pero muy interesante, y consiste en dejarse envolver por la experiencia de la otra persona para realmente experimentar su punto de vista cultural.
  5. Permitir que se desarrolle la experiencia empática: aquí se experimenta la experiencia de vivir como la otra persona, incluyendo su percepción y sus pensamientos sobre el mundo.
  6. Finalmente, restablecerse en la propia identidad cultural: luego de establecer un contacto intercultural tan empático, es necesario volver a uno mismo para poder establecer y entender las diferencias culturales.

El proceso no es sencillo pero realmente vale la pena intentarlo. Nos ayuda a entender diferencias y poder convivir con personas de distintos orígenes, culturas y que tienen formas de vida diferentes a las nuestras. Quienes deban radicarse en nuevos países, trabajar en equipos multiculturales o sean viajeros globales frecuentes se verán beneficiados de practicar la empatía. Como todo ejercicio, lleva tiempo y ejercitación constante.

De Julia Taleisnik (julia.taleisnik@gmail.com) para ICEBERG Inteligencia Cultural

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